La violencia contra la mujer, la gran asignatura pendiente del Valle de Lecrín

En nuestra comarca son más de 1.000 mujeres las que fueron atendidas en 2021, una cifra mucho mayor que en otras comarcas.

Comenzaron en 1993, cuando hablar de igualdad extrañaba a muchos. Y lo hicieron con una conciencia tan firme y decidida como necesaria. Desde este año existe el Centro de Información a la Mujer (CIM) en el Valle de Lecrín, una institución que se ha abierto paso en cada pueblo de la comarca y que lucha cada día para que esta sociedad sea mejor para todos, para cada mujer y para cada hombre, para cada niña y para cada niño.

Encarni y Mari Trini son las capitanas del CIM, situado en el edificio de la Mancomunidad del Valle de Lecrín, detrás de la plaza del Ayuntamiento de Dúrcal. Desde aquí, las dos se mueven durante la semana por toda la comarca para atender a una gran cantidad de mujeres. Y aunque sólo fuera una mujer la que fuera atendida ya sería un mal dato, en el Valle de Lecrín la cifra supera el millar, de las que más del 80% son víctimas de violencia de género en los primeros 10 meses del año de 2021. Una realidad demasiado cruda para mirar hacia otro lado. Además de Encarni Soto y Mari Trini Jiménez , el resto del equipo también asiste a quien acuda al centro de Dúrcal. Si Encarni es abogada y se ocupa de los temas jurídicos, Mari Trini es trabajadora social y técnica en Igualdad. Junto a ellas ahora mismo está Patricia Martínez, psicóloga que cierra un círculo esencial, ya que la recuperación psicológica de la mujer es muy importante para que la labor del CIM termine con éxito. 

Pero el trabajo de este centro no sólo se limita a las mujeres que acuden a verlas. “Consiste en atender a la mujer a nivel personal, consultas de malos tratos, problemas a nivel jurídico, pero también trabajamos con asociaciones mujeres, ayuntamientos, colegios e institutos para fomentar la igualdad, prevenir la violencia, cualquier cosa que se puede hacer, ahí estamos nosotros”, cuenta Mari Trini Jiménez. 

Si en cualquier lugar esta labor es muy importante, en el Valle de Lecrín lo es mucho más. Encarni Soto explica que de media hay en la comarca unas 50 mujeres con orden de alejamiento, la mayor parte en Padul y Dúrcal. “Además, hay muchas que no denuncian, que sólo dicen que se quieren divorciar pero cuando indagas un poco hay una historia de violencia, y cuando deciden divorciarse, el maltratador se da cuenta de que la situación se les escapa de las manos por lo que se suele producir otra agresión”, asegura la abogada del CIM. Y este es el punto en el que las víctimas reconocen que lo son, porque en muchas ocasiones ni siquiera son conscientes de la situación. Por eso desde el CIM han hecho un ‘violentómetro’, una guía para saber reconocer en qué situación está la mujer que acude a este centro y sobre todo cómo enseñar a reconocer una realidad muy preocupante. 

Un espejismo de igualdad 

En los casi 30 años de este centro la realidad no ha dejado de cambiar. Si en 1993 hasta las asociaciones de mujeres se criticaban, hoy en día el peligro está en algunos partidos políticos que hacen bandera de la involución, pero también en cómo se utilizan las nuevas tecnologías. En el Centro de Información a la Mujer se forman continuamente, porque saben que el agresor siempre va por delante de la víctima. A lo que hay que sumar los efectos que la pandemia ha tenido en las mujeres maltratadas, aquellas que han tenido que vivir con su agresor pudiendo hacer poco al respecto. Por estas razones no se puede frenar la labor del CIM. Según Encarni Soto, “las chicas jóvenes son las más reacias a reconocerse como víctimas porque viven en un espejismo de igualdad donde piensan que a ellas no les pasa. Las chicas jóvenes que empiezan a ser víctimas responden igual, mi novio me empuja, yo le empujo y reaccionan de esa forma, y llega un momento en el que la fuerza física y el control psicológico del hombre domina y la anula totalmente”. En este momento es también esencial el papel de Patricia Martínez y su papel de psicóloga: “se creen feministas, van a manifestaciones, pero cuando empiezas a rascar ves que el maltrato está ahí, mucha violencia sexual, con relaciones que no son deseadas pero sí consentidas, y no se dan cuenta hasta que se lo pones delante y ahí se produce un shock”. 

La vacuna de la formación

Junto al trabajo de campo de cada día, la formación ocupa un espacio principal para el CIM. Desde hace unos años son los colegios y los institutos los que llaman a Encarni y Mari Trini para que acudan a instruir a los alumnos, y como siempre, aquí está el futuro que puede vestirse de esperanza. “Las niñas tienen un discurso donde se nota que están empoderadas, y así ves como algo se ha andado, incluso hay planteamientos feministas en niños, es algo lento pero tenemos que verlo de una manera positiva”, explica Mari Trini Jiménez. Sobre los niños, Encarni cuenta que durante un tiempo vieron como no se avanzaba con ellos, por lo que también se está trabajando en nuevas masculinidades, “porque los hombres también se han perdido muchas cosas por el machismo y agradecen que se trabaje en esta línea. Está claro que la formación es la vacuna pero también hay que prevenir”. 

Prevenir y estar alerta, porque en más del 60 por ciento de los casos el entorno de la víctima conoce la situación pero no se denuncia. “No hay que pensar que se ha conseguido todo, tenemos que estar en la lucha, sobre todo incidir en la educación y sobre todo en los hombres para que no vean que esto es un problema de las mujeres, es un problema de la sociedad, y hay que trabajar en eso, todos y todas”, explica Mari Trini Jiménez. “También hay que seguir en la atención a las víctimas, en la educación, pero también en los problemas de discriminación salarial, en los techos de cristal, en la conciliación, hay tantas cosas por hacer que no vale sólo con la sensibilización, hay que actuar ya”, remarca Encarni Soto.

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