Toda una vida buscando sus raíces: la historia de Salvador Conesa

En ‘Más de uno’ entrevistamos a Salvador Conesa para conocer cómo descubrió, tras muchos años, quiénes eran sus padres biológicos, cómo era su familia y, en definitiva, cuál era su verdadera historia.

Salvador Conesa ha pasado toda su vida tratando de encontrar a su familia biológica. A la familia de la que le separaron al nacer. Esta incansable búsqueda le ha llevado, muchos años después, a viajar desde Menorca a Dúrcal, un pueblo de la comarca del Valle de Lecrín, en Granada.

Los nombres equivocados de sus padres

El comienzo de la búsqueda fue cuando con tan sólo 10 años preguntó por sus padres biológicos a su familia adoptiva en Menorca. A raíz de solicitar un extracto de la partida de nacimiento para ir a la mili -pues la primera la había extraviado-, comprobó que sus padres biológicos tenían otro nombre. «Me dijeron que era una equivocación», cuenta Salvador.

Sin embargo, años más tarde en Barcelona -ciudad donde nació- quiso acceder a su original partida de nacimiento y vió que, de nuevo, sus padres aparecían con otros nombres. En ese momento, empezó a sospechar; «aquí pasa algo, no me cuadra todo el tema este», explica Salvador sobre sus primeras dudas.

Su familia adoptiva siempre le dijeron que sus padres biológicos habían muerto y que, por tanto, era huérfano. El hecho de que hasta en tres ocasiones los nombres de sus padres cambiasen en la partida de nacimiento le puso en alerta.

El comienzo de la búsqueda

Entonces, quiso iniciar la búsqueda de sus padres y conocer su verdadera historia. En 1995 se puso en contacto con el programa de Paco Lobatón ‘Quién sabe dónde’, pero, por ley, no pudo acceder a determinados archivos. En los servicios sociales de Barcelona a Salvador también le negaron el acceso, «a patir de entonces me vine abajo».

Por fortuna, Salvador siempre contó con el apoyo incondicional de su mujer, Esperanza, y de su madre adoptiva, Antonia Torrent. «Ella siempre estuvo a mi lado y siempre me dijo: ‘no quiero morirme antes de que lo consigas’, pero la pobre no lo vió», explica.

Mi madre adoptiva siempre estuvo a mi lado y siempre me dijo: ‘no quiero morirme antes de que lo consigas’

De jóvenes, al conocerse Salvador y Esperanza, ella siempre mostró mucho interés por su historia «para que pudiera conseguir lo que todo niño o niña debe saber también», cuenta Esperanza, mientras lanza un mensaje de ánimo y optimismo para todos aquellos que estén en una situación similar, «se puede conseguir a través de mucho esfuerzo».

Cuando descubrió su verdadera historia

Con los años, volvió a Barcelona y, sorprendentemente la ley había cambiado y pudo acceder a todo su historial, donde lo más raro fue encontrarse cartas de Francia. A partir de ese momento, en 2018, logró toda la información sobre sus padres, los hermanos que tenía, sus edades, etc.

La primera vez que leyó el nombre de su madre biológica «me quedé sin palabras, pensé mucho en mi madre adoptiva: ‘ojalá hubieses estado aquí y disfrutarlo conmigo'», dice con emoción Salvador.

Viaje a Granada para encontrarse con su sobrino Manuel

Una vez recogida toda la información, fue a Granada a investigar dónde estaba el resto de su familia. En Salobreña un señor maestro que se dedicaba a buscar a familias por los apellidos le entregó un reportaje del Diario del Valle de Lecrín. En aquella entrevista un señor de 88 años llamado Manuel Puertas Melguizo contaba su vida en Francia.

Cuando comparó la vida que él contaba en Francia con sus propios documentos vio que todo cuadraba. Después supo que el apellido Melguizo era muy común en el pueblo de Dúrcal. Entonces, «me fui a Dúrcal, me encontré a un señor, le mostré la foto y me dijo que ese hombre era un tío suyo», relata. Aquel hombre acompañó a Salvador hasta su tío y «se abrieron los cielos».

Tú te llamas Salvador y eres mi hermano

Por fin, después de tanto tiempo, Salvador se reencontró con Manuel, su hermano. En ese primer momento «yo temblaba como una gallina sin plumas, no articulaba palabra». Salvador le contó su historia y Manuel supo rápidamente identificar que era su hermano: «tú te llamas Salvador y eres mi hermano. Dame dos besos», recuerdan ahora con emoción.

Finalmente, conoció su historia por completo. A su madre le violaron y viajó hasta Barcelona, acompañada por una de sus hijas, Encarna, para dar a luz a Salvador. «Ahí había algún interesado que no quería que la historia se supiera», cuenta Salvador. Una vez parido, los servicios sociales echaron a su madre sin derecho a nada.

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