El olivar de Granada, para la humanidad

La provincia aporta 7.000 hectáreas de olivos nazaríes del Valle de Lecrín a la candidatura a Patrimonio de la Humanidad de ‘Los paisajes del olivar en Andalucía’.

No hay más que echar un vistazo a la hemeroteca de los últimos años, para comprobar cuánto bluf hay en Granada detrás de los intentos de declarar ‘esto y aquello’ Patrimonio de la Humanidad. La zambra, el centro histórico de la capital, el barrio del Sacromonte… El ‘modus operandi’ es sencillo. Convocan una rueda de prensa –normalmente políticos–, anuncian el inicio de un largo y tortuoso proceso para curarse en salud, crean la consabida comisión de sabios y ahí acaba ‘la cosa’. Suena bonito. Poco más. Pero siempre hay una excepción que confirma la norma.

La candidatura ‘Los paisajes del olivar de Andalucía’ pinta bien. Tanto es así que el propio Consejo de Patrimonio Histórico, un órgano que reúne al Gobierno de la nación y a los responsables de Patrimonio Cultural de las comunidades autónomas, aprobó por unanimidad en abril que ese ‘océano de olivos’ andaluz, cantado por Federico García Lorca, Rafael Alberti, Antonio Machado o Miguel Hernández, sea la gran baza de España para la inclusión en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en la asamblea que se celebrará en el verano de 2023. Dentro de dos años.

El expediente incluye nueve territorios de Andalucía donde la olivicultura –y todos sus valores económicos, culturales, histórico y medio ambientales– está fuertemente arraigada. Concretamente los acebuchales de Cádiz; los denominados ‘olivares vetustos’ de Málaga; la Subbética de Córdoba; Sierra Mágina,Valle del Segura, haciendas del Guadalquivir y Sierra Morena en Jaén;y el Valle de Lecrín en Granada.

¿Qué aporta a la empresa la comarca granadina? Pues mucho y bueno. Por lo pronto, 7.034 hectáreas de ‘olivar nazarí’ –ésta es la denominación que figura en el dossier que calificará la Unesco– repartidas entre los términos de Albuñuelas, Dúrcal, Lecrín, Padul, El Valle, Villamena y Nigüelas. La alcaldesa de este último municipio, Rita Rodríguez, asegura que «la oliva es el único cultivo autóctono que perdura en forma de minifundios frente a otros, como los cereales, que fueron desapareciendo poco a poco sencillamente porque los costes de producción estaban por encima de los precios».

«Las explotaciones oleícolas, que son legadas de padres a hijos, cuentan con árboles antiquísimos cuya cosecha se dedica al autoconsumo», explica la regidora, quien agrega que lograr el marbete de la Unesco sólo traería beneficios. «En primer lugar, porque se garantizaría la protección de olivos centenarios y de toda la infraestructura, sobre todo hidráulica, que hay en torno a ellos; y segundo, porque sería un atractivo más para la visita a una localidad que, poco a poco, está desarrollando un tejido empresarial basado en el turismo rural». «Todas las diputaciones y los ayuntamientos estamos trabajando desde hace muchos años para lograr este objetivo que, tras el espaldarazo del Consejo de Patrimonio Histórico, parece ahora más cercano», reconoce Rita Rodríguez.

¿Qué singularidades presentan esas 7.000 hectáreas olivareras del Valle de Lecrín? Todo se estructura en torno a la red de azarbes que se ramifican y que distribuyen el agua por toda la zona desde hace más de cinco siglos. Los principales son el de Los Llanos (Márgena), el que discurre entre Cozvíjar y Marchena (Cónchar), el de los Arcos (Restábal), el de Saleres, el que va de Talará a Chite, el de Marjen-El Burgo y el de Nigüelas-Dúrcal. Otra de las grandes particularidades, clave para la conformación paisajística, es la asociación de los olivares y los cítricos, una conjunción que, más allá del interés productivo y estético, supone una inteligente solución para el mantenimiento de los abancalamientos que modelan los relieves y las laderas en el Valle de Lecrín.

Valores paisajísticos

Respecto a los valores universales dentro del ámbito paisajístico –uno de los criterios que ponderan los expertos de la Unesco–, se ha tenido en cuenta la traza de la acequia histórica de Nigüelas. A partir de las parcelas catastrales, se han identificado los regadíos históricos más próximos al casco histórico de Nigüelas, donde se localiza otro de los principales puntos de interés, la almazara de La Erilla, fechada entre los siglos XIII y XV y que desde 2015 está habilitada como un centro de interpretación gestionado por la Fundación María Zayas. El edificio cuenta con prensas de finales del siglo XV, cuya estructura y maquinaria se han conservado hasta nuestros días gracias a que las instalaciones estuvieron en funcionamiento hasta el año 1942. En su interior se pueden distinguir los dos sistemas de molienda: a sangre (siglo XV) e hidráulico (XVIII).

Otro elemento patrimonial y destacado es el molino de Mondújar (siglo XVIII), que fue restaurado en 2005. Aunque no existen datos concluyentes que vinculen las fincas y edificios de la época romana con la oleicultura, sí que hay evidencias de que en ese tiempo ya se registró una actividad agraria sistematizada en el Valle de Lecrín a partir del establecimiento de pequeñas ‘villae’. Entre ellas, cabe reseñar la de los Lavaderos (Dúrcal), la de Talará (El Valle) o la de Mondújar (Lecrín). En la etapa islámica se desarrollaron alquerías y torres de las que quedan vestigios en el barrio de la Cruz de Nigüelas o en Albuñuelas. A todo ello hay sumar manifestaciones culturales como el empleo del aceite de oliva con fines medicinales y cosméticos, y también gastronómicos asociados a recetas tradicionales (migas, pipirrana y gachas de caldo) y repostería (buñuelos, hornazos y tortas).

Con más de 300 millones de olivos, Andalucía es la primera productora de ‘oro verde’. Concentra el treinta por ciento de la cosecha mundial y el veinte por ciento de la aceituna de mesa. Y con un millón y medio de hectáreas dedicadas a estas plantaciones oleícolas milenarias situadas en torno a trescientas localidades de Jaén, Córdoba, Granada, Málaga, Sevilla o Cádiz, se contabilizan más de un millar de industrias olivareras que generan más del treinta por ciento del empleo en la región –unos 22 millones de jornales anuales–.

Andalucía lleva trabajando once años en esta candidatura, desde que en 2010 iniciara el proceso la Fundación Juan Ramón Guillén, según explicó Miguel Ángel Araúz, director general de Patrimonio Histórico y Documental de la Junta de Andalucía. «El olivo es un árbol sabio, resiliente y generoso», destaca Pilar Parra, vicepresidenta de la Diputación de Jaén, la institución impulsora de una candidatura que ha unificado a toda Andalucía y en torno a la cual se aglutina un rico patrimonio artístico arqueológico, arquitectónico, ecológico, turístico e industrial. La Diputación de Granada se sumó a la iniciativa en enero de 2018 con la aprobación de una moción presentada por el grupo socialista y firmada por el entonces vicepresidente Pedro Fernández.

Con cuarenta y ocho bienes Patrimonio Mundial, España es el tercer país con más referencias en esa lista. Los últimos fueron elPaseo del Prado en este 2021, el Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria en 2019 y los dólmenes de Antequera en 2016. Están a la espera la Ribera Sacra y la Menorca Talayótica.

Artículo original en Ideal.

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